Iniciar el año con un baño en las aguas heladas del río Guatapurí es casi un ritual de purificación para los vallenatos. Este afluente, que nace en las nieves de la Sierra, es el pulmón y el orgullo de la ciudad. El balneario de Hurtado, con su icónica Sirena Dorada, es el punto de encuentro por excelencia, donde las familias comparten el tradicional sancocho y los amigos disfrutan de una tarde de sol y música.
Pero el Guatapurí es también un ecosistema frágil que exige respeto. Sus aguas cristalinas son el hogar de una biodiversidad única que debemos proteger. La leyenda de la Sirena nos recuerda la fuerza de la naturaleza y el respeto que se le debe tener al río. Es un espacio que ha inspirado a poetas y cantantes, quienes ven en su corriente el fluir constante de la vida y la historia de la región.
Dice el adagio popular que “quien se baña en el Guatapurí, regresa a Valledupar”. Y es cierto, porque el río enamora. Su sonido constante es la banda sonora natural de la ciudad. Cuidar el río es cuidar la esencia misma de Valledupar, asegurando que sus aguas sigan bajando limpias y frías para refrescar el alma de las futuras generaciones.