Veinticinco años después de su partida, la memoria de Hernando Marín Lacouture sigue más viva que nunca. Vallenatos y guajiros se dieron cita en San Juan del Cesar para rendir un sentido homenaje al compositor de himnos inmortales como “La Creciente” y “Lluvia de Verano”. Los actos conmemorativos, que tuvieron lugar en el Museo de Compositores y la Casa de la Cultura, reafirmaron que el legado del juglar trasciende el tiempo y sigue uniendo a dos departamentos hermanos bajo el acordeón y la poesía costumbrista.
La jornada estuvo marcada por la nostalgia y la celebración de su obra. Familiares, amigos y grandes figuras del folclor como Roberto Calderón y Sergio Moya Molina compartieron anécdotas que pintaron de cuerpo entero al hombre detrás de las canciones: un ser alegre, versátil y profundamente humano. Sus hijos, herederos de su vena artística, interpretaron sus temas, recordando al padre que convertía la cotidianidad en versos y que, con su guitarra, le cantó tanto al amor como a la desigualdad social y a la belleza de su tierra.
Como broche de oro, la Sociedad de Autores y Compositores de Colombia (SAYCO) otorgó de manera póstuma la Orden de Santa Cecilia, máxima distinción para los creadores musicales. Rafael Manjarrez, presidente de la entidad, entregó el reconocimiento a su hija Ana Tatiana Marín, destacando la versatilidad de Marín, quien se paseó con maestría entre el paseo, el merengue y la canción protesta. Hoy, el “Vallenato y Guajiro” sigue cantando desde la eternidad, recordándonos que mientras su música suene, Nando Marín no morirá.
